Ya a mediados del siglo XVII, una traducción de La vida es sueño en alejandrinos pareados triunfaba en el Teatro Municipal de Amsterdam, y desde allí fue llevada a los escenarios más diversos, desde un cobertizo de Haarlem hasta las cortes reales de Suecia y Dinamarca. A pesar de esta y otras versiones tempranas —al italiano, al alemán, al francés—, no siendo Calderón conocido fuera de España, no fue hasta el siglo XIX que su obra maestra fue
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